José Buzo Hurtado de Mendoza PDF Imprimir E-mail
Sábado, 24 de Marzo de 2012 08:29

José Buzo y Hurtado de Mendoza

1788. “José Joaquín, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Con estas palabras pronunciadas por el Presbítero Juan Rafael Buzo y Silva, tío del nuevo cristiano en la Parroquia del Sagrario de la Catedral de Málaga, el día 20 de Abril iniciaba su pertenencia a la Iglesia Católica, en brazos de su abuelo Francisco Buzo y Montes, José Buzo y Hurtado de Mendoza, que había nacido dos días antes (18-4-1788) en el caserón de San Bernardo el Viejo de la ciudad de Málaga, donde vivían sus padres José Agustín Buzo y Silva y Josefa Hurtado de Mendoza y Lopera.

Sigue creciendo la familia Buzo y nacen los últimos vástagos Zea Bermúdez Buzo, Buzo de Reyna y  Buzo Hurtado de Mendoza, lo que obliga a que estos trasladen su residencia a una nueva casa, con pozo propio y patio de cuatro arcos en la calle del Postigo de los Mártires, que no impide continuar la relación familiar y de amistad a todos los primos.

A medida que pasan los años se va confirmando en él su vocación militar, fruto tal vez de su relación con los primos Hurtado de Mendoza y su tío José Hurtado de Mendoza, Capitán de Voluntarios de Honor montado de Caballería de Málaga, quién ante fedatario público dice de él: “…para que no queden sin uso los ardientes deseos de sacrificar su vida a favor de la Patria y de nuestro Augusto Soberano el Sr. Don Fernando VII”. O como en otro documento que se custodia en el Archivo Militar de Segovia que firma y rubrica su primo hermano Francisco Zea Bermúdez: “…hace un año que sirve a la Patria, por la que ha tenido el honor de derramar alguna sangre, habiendo sido herido en la defensa de Madrid. Tiene veinte años, mucha robustez, no menos agilidad en el manejo del caballo y un perfecto conocimiento de la táctica y evoluciones militares”. Aseveraciones queél mismo confirma en otro escrito localizado  en el mismo Archivo: “…que deseando acreditar su amor a la Patria y lealtad al Rey Nuestro Señor Don Fernando VII, luego que la andalucía resolvió oponer la fuerza a la tiranía francesa, se apresuró a presentarse en dicha ciudad con uniforme y caballo propio a servir voluntariamente en defensa de tan justa causa”.

En julio de 1808 se incorporó voluntariamente en el Regimiento de Caballería de Línea Montesa nº 12 que a la sazón mantenía un Escuadrón en Málaga.

El 22 de Octubre de 1808 su tío José Hurtado de Mendoza constituye aval para que “desde el mismo día en el que se le concedan los cordones en cualquier Regimiento de Caballería del Ejército, tenga las asistencias correspondientes a su decente manutención y porte. D. José Buzo y Hurtadote Mendoza se haya de distinguido en el Regimiento de Caballería Montesa y quiere continuar su servicio en la distinguida clase de cadete en el mismo cuerpo u otro de Caballería del ejército”.

El 12 de Noviembre de 1808, en Madrid, solicita del Inspector General de Caballería… “que se sirva condecorarle con los cordones de cadete y que esta gracia sea en el Regimiento de Dragones de Almansa por tener un primo hermano oficial en dicho cuerpo y que, en consideración de haber estado haciendo un servicio voluntario a sus expensas más de cuatro meses, sin disfrutar de paga alguna del Rey y haciendo las mismas fatigas que el soldado en sus diferentes marchas mientras ha llegado a esta corte, principie a correr su antigüedad desde la fecha que V.S. tenga a bien expedir su decreto de concesión”.

El 16 de Julio de 1809. Francisco Zea Bermúdez firma y rubrica una carta “por mi primo hermano” en la que expone por él desde Sevilla “por encontrarse José Buzo y Hurtado natural de Málaga y Cadete del Regimiento de Caballería de Almansa actualmente en campaña al mando del Capitán General D. Gregorio de la Cuesta, …solicitando entrar en el Real Cuerpo de Guardias de Corps…informando que para tomar los cordones presentó originales en la Inspección de Caballería que a la sazón estaba a cargo del Mariscal de Campo Don Ramón de Villalba en Madrid, las informaciones judiciales más amplias de su nobleza, y no pudiendo e